Bendita eres en mi vida
por taparle los ojos a la agonía.
Bendita eres por dejar que la niña
del jeans rojo y cintito
dorado
siga sin memoria.
Bendita eres por callar las preguntas
que no saben que
decir.
En días en que la realidad parece tan real,
y la niña está
mirando desde mis ojos,
con las lágrimas tan pesadas que la doblegan,
que la
cortan al medio,
que la convierten en un pedacito de silencio
que sólo indaga…
a la nada.
Y yo desde la distancia,
desde el olvido intento explicarle
que esas cosas pasan.
Pero eso no la detiene más,
ahora quiere gritar,
quiere
sacar la última astilla
que la persigue por las calles de un pasado
que no sabe
que ella existe.
Un pasado de un día soleado,
ese día a la sienta el
destino la tomó de la mano,
la llevó hasta lo oscuro,
entre cortinas verdes y
el corazón de una casa,
con una gran cama con manos de hombre,
con sábanas de
silencio.
Las manos sostuvieron sus muñecas chiquitas,
muñecas de
niña,
muñecas de princesita…
El diablo vestido de sonrisas se acarició con ellas.
Las dos manitos tocaron el calor entre las piernas.
Y sus ojos nunca dejaron de buscar respuestas.
Hasta que la dulce amnesia acaricia su cabeza,
cabeza de niña,
cabecita de muñeca.
Y otra vez persigue los brillos que apagan los miedos,
como todos los niños detrás de los sueños.

"Hasta que la dulce amnesia acaricia su cabeza,
ResponderBorrarcabeza de niña,
cabecita de muñeca.
Y otra vez persigue los brillos que apagan los miedos,
como todos los niños detrás de los sueños..."
Un fuerte abrazo, mi querida Basilisa.
Muchas gracias! Gracias, mi querido Poeta, por tus palabras a mis versos y a mi alma, siempre!
BorrarUn abrazo del alma!
Bas