jueves, 23 de abril de 2015

Soy un verso



Me niego a seguir los pasos que me imponen las mentes,
desato todos los vientos que hablan en mis sombras
y libero las manos de los lápices
que se marchitan tomando el agua del florero nuevo.


Soy tan yo, tan libre, tan silvestre que la pradera
no se asombra de verme morir en sus caderas,
ni el pájaro escapa al advertir que sueño dentro de su nido.
Soy tan transparente que el agua de tus ojos me llora sin saberlo
y respiro tu silencio como mariposa ciega.
Y juego a perder mi sangre en tu latir cada día
en que celosas las acuarelas me desdibujan el arco iris
que inventáste para mí…

Basilisa


Tu justicia.



Miro las flores y sus pétalos tan suaves,
las tomo en mis manos y las llevo a mi rostro,
su caricia es más que una caricia.
Cuando nacieron las flores la belleza
se mezcló con la ternura,
la frescura la siento en el alma;
me olvido de los golpes
que estiran la piel de mis labios hinchados,
partidos, lastimados por tu furia.
Llegan primero tus puños martillando mi cuerpo,
abriendo la puerta a los dolores
que se asoman morados y escupiendo sangre.
Esa que te frena, esa que te asusta...
que me envuelve y me salva.
Sangre que salpica mi alma
que te mira sin entender nada,
sin derecho a ser juzgada, solo tú...
solo tu sentencia es lo que vale.
Tu mente se dibuja las reglas
donde primero el castigo,
me mira a los ojos;
después viene el juicio 
y por último la defensa,
esa que te defiende a vos,
cuando te acuerdas del amor
y el fantasma del alcohol te deja de hablar al oído.
La causa es el amor,
que se enloquece y enfurece en tu mente
cuando ve algo que nadie más ve, solo vos.
Tengo miedo a las horas nuevas,
esas que están por venir,
trayendo otros castigos para mi.
Miro mi rostro en ese espejo que me mira con lástima,
me culpan mis ojos
víctimas del deseo de que hoy todo termine,
el deseo de que la sangre no te detenga,
que sigas hasta que apagues
esa luz que llora como una niña sola,
dentro de mi alma lastimada,
que sigue sin entender nada...

Dedicado a las mujeres golpeadas física o emocionalmente.
A las que lo superaron, a las que hoy están muertas
y a las que siguen siendo golpeadas y desean morir.

Basilisa- Lizi Mandirola. 

Quiero justicia.



Era uno de esos días, en los que sentía que ya no podía más. Todo era triste, los colores eran grises, tenía el alma helada... Mi mente no encontraba respuestas para mi corazón.
Fue cuando, en un ataque de llanto, la conocí.
Yo estaba en la calle mirando, no podía comprar nada, la tristeza me invadió, tenía que llorar... Mis ojos empañados, buscaban un lugar. Las lágrimas no esperaban se abalanzaban...
No recuerdo cómo llegué a ese banco en la plaza, pero en el sollozar y el temblar de mi vida, fue interrumpido por ella, me dijo:
_¿te puedo ayudar?...”
Era una señora bajita, de cabello blanco...ojos claros, gestos de ángel.
Le dije que:
 _No...
Pero ella dijo:
_“Me llamo Esperanza, soy muy vieja y tengo mucha, mucha experiencia.
Cuéntame niña, ¿qué es tan terrible?
Dame la mano, es bueno hablar cuando tienes tanto dolor en el alma.
_Es que no puedo... le dije.
_¿Qué no puedes? ¿contarme o dejar de llorar?
_No puedo dejar de llorar...
_Bueno vamos a esperar que la nube se quede sin agua. Mientras tanto yo me quedo aquí, te cuido...

Me sentí acorralada, mis dolores, las lágrimas y ahora una abuelita que está aburrida y no tiene con quién hablar...
Eso pensé en ese momento. De a poco mis nubes se quedaron sin agua,  o se corrían un ratito y empecé a decirle que sucedía en mi interior.

_Sabe, la vida me desilusiona, desde chiquita sueño con el amor, con ser feliz...
pero...(la nube aparece...) Es que sufrí desde que nací, en mi hogar, si lo puedo llamar con esa palabra... En mi niñez me pasaron tantas cosas, contadas. la lindas. Después cuando creí encontrar al hombre de mi vida, ese que busco desesperadamente;  me casé con un hombre que me maltrataba, cuando llegaba ebrio... Me pegaba antes de violarme...(nube cargada unos minutos)
La señora, ella, me acariciaba la mano y me escuchaba, en silencio... alguna de mis lágrimas caían de sus ojos...
_Bueno, no recuerdo cuando fui feliz,  si ... Cuando en el hospital, nos miramos a los ojos
con mis hijos... Esos momentos, fueron los mejores.
Toda mi vida escapé de los golpes y ya no soporto más la soledad...

_¿Pero, no estás sola si tienes a tus hijos?
_ No, no estoy sola... pero mi nueva vida, ahora mi vida es otra, la pobreza se hizo a un costado, no me falta nada material; pero todo lo que tengo no cubre el abismo  que hay en mi alma...
Amo a mis hijos, pero ¿cómo les enseño con este ejemplo? ¿cómo van a ser felices? Quiero estar bien, quiero compartir mis sueños... ¿Hasta cuando voy a vivir así?
La abuela me dijo:
..._Mírame jovencita, yo tengo esperanza, como mi nombre y ahora le hago honor por que no entendía, porqué lo tenía, si yo en el pasado me sentía como tu, y mi vida sigue siendo difícil...
Una noche en un sueño un ángel me habló de las luces del corazón.  Me contó que cuando hacemos cosas buenas el corazón emana luces bellísimas, que cuando no luchamos por apagar la tristeza las luces se apagan... Para que estén siempre encendidas hay que seguir, declararle la guerra a la tristeza, cuando viene; mirarla, darle unos minutos, o unas horas pero después buscar la belleza, ella aleja la tristeza. La puedes encontrar en las flores, en las estrellas, en los sueños y busca a una persona que está sufriendo
para que tu luz se doblegue...
¡Las luces unidas brillan más..!
Tienes que ser sincera, no busques a una persona que sufre pensando en ti, piensa que lo haces por tu amor...
_ ¿Mi amor?
_Sí, tu amor, tu otra mitad, sabes que existe, en tu corazón lo sabes.
Él está sufriendo lejos tuyo... Necesita ver las luces de tu corazón, si el está en el cielo será feliz mirándote brillar... Si él está en la tierra tu luz lo atraerá...
Desde esa noche jovencita comprendí, que yo era especial, que mi nombre tenía un motivo claro  en mi existencia, y tuve la certeza de que el ser que esperé toda mi vida existe,  no se dónde, pero se que existe...
Mira, vos me ayudaste con mi luz y yo te intento ayudar a encontrar las esperanzas...
¿Sentís la tibieza de la luz? Yo ya estoy como dicen los jóvenes con una pata en el cajón...jaa jaa... Pero cuando llegue al cielo voy a entrar y espero que no haya una puerta
 porque la derribaré a patadas... Golpearé con el bastón y a los que encuentre les voy a decir:
_ ¡Quiero justicia!
Aquí estoy yo y mi luz... ¿Dónde está Dios!!!? Quiero verlo!!!
Y cuando lo tenga frente a mí, le voy a decir:
_ ¿Te puedo ayudar?
Necesito que me digas que sí,  por favor, necesito tu luz...

Basilisa-Lizi Mandirola (Del cajón de mis primeros escritos)


martes, 21 de abril de 2015

Poesía sola.


Arden los silencios
entre la carne y los huesos,
duendes de afilados dientes
 muerden la sed de cada poro.
 El frío ríe 
con sus carcajadas groseras
cuando llega la noche
y la ternura debe volver
al cajón de los recuerdos.
Una mueca lastimera
se mira con nuestros ojos
y el reflejo 
de una débil esperanza
nos obliga a sonreír.
Otro día, otra tarde
con su magia intacta,
otra noche que nos besa
sin permiso, sin labios.
Dejando una herida vacua.


Basilisa-Lizi

16-04-15