martes, 21 de abril de 2015

Poesía sola.


Arden los silencios
entre la carne y los huesos,
duendes de afilados dientes
 muerden la sed de cada poro.
 El frío ríe 
con sus carcajadas groseras
cuando llega la noche
y la ternura debe volver
al cajón de los recuerdos.
Una mueca lastimera
se mira con nuestros ojos
y el reflejo 
de una débil esperanza
nos obliga a sonreír.
Otro día, otra tarde
con su magia intacta,
otra noche que nos besa
sin permiso, sin labios.
Dejando una herida vacua.


Basilisa-Lizi

16-04-15

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