Los 4 años una edad que debería ser hermosa, pero para muchos y “somos
muchos” es un número que golpea, y abre heridas, que sufrió el cuerpo, pero en
la mayoría de casos se enquistaron en el alma...
SIN ALAS.
Tío, miro a tu hijo bebé
tengo miedo por él
y mis lágrimas nacen llenas de sangre
una sangre que con su grito adolorido
desgarra mis recuerdos...
Tus ojos lamiendo mi cuerpo,
tus manos acariciando mi rostro,
inocente mirada de los 4 años,
dolor... mucho dolor.
Una de tus manos tapando mi boca,
que ya nunca más pudo sonreír feliz;
tu otra mano sosteniendo mi cuerpo
sacudido desde el interior por el llanto
y desde tu cuerpo por el violento deseo
de sosegar esa endemoniada furia ciega,
que asesinó mi infancia
y amenazó todas mis horas,
me quitó la confianza,
me dejó en el aire sin alas...
Volando sin el cielo claro
y cayendo al lago de los lamentos,
donde las alas se quebraron y las arrancaste de mí.
Donde un abrazo puede herir el alma que tiembla
sin poder discernir entre el amor sincero
y el deseo que infunde miedo.
Ese miedo se transforma en mil cosas
que quieren matar al niño sin alas,
almita chiquita que corre escapando,
sin poder escapar,
sin encontrar a alguien que lo salve
y le permita volar...
almita que llora sola,
en un cielo con estrellas asesinas
y rostros que miran sin mirar.
El viento trae amenazas y gemidos
que parten en pedazos mis latidos,
caigo al suelo abrazado de dolor
con lágrimas llenas de sangre...
Y nadie te detiene,
nadie me salva,
nadie me escucha llorar.
Basilisa-Lizi Mandirola
Esta poesía la escribí inspirándome en una joven, que después de leer mi
historia en las primeras poesías que publiqué hace ya casi 10 años, me contó lo que vivió, y me dijo: “nunca se
lo conté a nadie…” Yo sentí que de alguna manera la ayudé, aunque sea
escuchando… Compartiendo mensajes. Son tantas y tantos y sus historias
similares.
Pienso que si aceptamos que esto pasa en todas partes del planeta, en todas
las clases sociales, y a cualquier hora, podemos prestar más atención alrededor
de nuestros hijos, sobrinos, hermanos, nietos…
Escuchar, escuchar sin juzgar. Sé, que no es fácil y que no todos pueden
hacerlo.
Estos hechos los vemos lejos, en las noticias, cambiamos de canal y listo
ya no nos duele.
Pero si un día te toca de cerca, tan cerca que no te podés escapar, vas a
saber que existen otras que pudieron superarlo, otras que zafaron, otras que
murieron, otras que tomadas de las manos lloran juntas, otras que deciden
gritar, luchar y hacer todo lo que esté a su alcance para que al menos
intentemos que alguien se salve.
MILES DE BESOS DESDE EL ALMA A ESOS NIÑOS SIN ALAS,
SE PUEDE SALIR DEL DOLOR, CON AYUDA,
Y LAS ALAS VUELVEN A CRECER.
BASILISA.