Abro los ojos y miro mi rostro en un espejo
y no veo nada que delate lo que sucedió.
El día en que los recuerdos vuelven ya pasó.
Otra muerte de mi alma... superada entre lágrimas.
Solo queda la angustia en el interior de mi boca.
Y un secreto que madura mi pensar, distinto...
ya no me siento responsable,
ya no siento que hice algo
para merecer lo que pasó...
Mi alma va mirando desde más lejos con los años.
Ahora esos días en que un grito despierta
la lágrima que llora
y el rostro de un niño
de la edad que yo tenía, cuando todo pasó
se estremecen en mis latidos nuevos
que miran con mis ojos adultos
la aberración del pasado,
con lástima por mi yo niño de esa infancia.
En que la vergüenza con cara de culpa
penetró la magia que implicaba vivir en la inocencia,
con sueños y sonrisas; que nunca volverán.
El cuerpo deja de sufrir
y la carne del dolor se olvida, pasa...
la que sangra es el alma que no sabe de tiempo,
que no sabe que ya crecí... que no distingue
entre lo que pasó ayer y lo que me duele hoy.
Mi mente vuelve al pasado, intenta encontrar los ojos
del niño que llora, busca hablarle...
decirle que todo está bien, que él no hizo nada.
Que en la vida hay cosas que un niño no puede evitar...
En el camino encontramos gente, pero no sabemos quién es
hasta después de haberla conocido.
Hoy puedo comprender que una herida en el alma
duele y mata miles de veces;
en esos días en que la sonrisa se pone a llorar
después de ver a un niño que tiene brillo inocente
en la mirada y yo deseo que nunca se encuentre
con el monstruo enfermo de un cuento
que nadie me ha contado,
el que después de ese día haberme violado,
ha vuelto a mi mente antes de morir mi alma
cuando encuentro al niño que fui asustado,
entre las manos de ese ser que lo mira sonriente;
hambriento de saciar sus deseos...
y no puedo decirle nada... no puedo detenerlo;
esos días en que llorar no alcanza,
solo morir al escapar de sus ojos ingenuos que preguntan.
Y no sé el porqué...
La escena aparece y miro como un fantasma.
El sollozo de mis entrañas se cansa
ya no hay fuerza para seguir muriendo ahogado en llanto,
se cierran los ojos y los sueños apagan un poco
el sufrimiento del alma.
Y vuelvo a abrir los ojos a otro día,
después de una noche larga de muerte... y recuerdos.
El sol sonríe y yo quiero olvidar.
Basilisa- Lizi Mandirola
Dedicado a los niños hombres que fueron abusados
por un profesor hace 30 años y se animaron a enfrentarlo.
La ley en Argentina no puede condenarlos.
Y a todos los que pudieron hablar, denunciar.
Y a esos que guardan el secreto que los mata miles de veces.

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