Miro la playa, es inmensa,
en ella
los granitos de arena parecen
un mar de cristales apagados, sin brillo,
donde la vida
se hunde y se esconde.
El agua se la come,
y le regala pedazos de historias
que deposita en su orilla.
Algo brilla en la arena mojada,
me acerco y veo...
Un pequeño pez, que nadie ha pescado.
Lo miro moverse,
sus escamas tienen el arco iris en cada milímetro,
su pequeña boca grita un sonido
que no entiendo
y su cuerpito salta de dolor.
Me desespera,
la arena se le pega,
tomo su pequeño cuerpo y lo sumerjo en el agua,
lo sostengo unos instantes y lo suelto...
Me quedo pensando porqué salió del agua,
y lo veo otra vez...
Un salto y fuera del agua.
Cayó entre los cristales inertes. ¿Será él?
¿Querrá suicidarse? ¿Qué te pasa pececito?
¡No puedo creer!. ¡Otra vez, salió del agua!
Su cuerpito sube y baja
mostrando su lucha por vivir.
¿Él querrá morir?
Aquí, no puedes quedarte, morirás.
¿Y si es un pez aventurero?
¿Que quiere experimentar el peligro?
¿Cómo lo voy a saber?
De pronto una vocecita
dice: “_ soy un mendigo,
y ya no tengo ni una gota de amor
en esa enorme masa transparente,
llena de vida y seres...
¡No quiero vivir más!
Mis pocos años en este cielo mojado
me han dado flechazos mortales al corazón,
soy sólo un pez mendigo que no encontró amor...
No conocí a mi padre, y mi madre me abandonó,
sólo me han dado monedas de amor
peces y sirenas que encontré en mis viajes al abismo,
mi corazón está continuamente apretado sufriendo,
no puedo seguir fingiendo...
Mi sonrisa duele y sale cada vez más triste,
no encontré quién me ame,
tengo tanto amor marchito en el corazón
que no soporto un instante más.
¡Déjame morir, déjame intentar volver a vivir!
Tal vez voy a nacer en un lugar donde me amen,
donde tenga una mamá y un papá
que me explique el porqué de la vida
con ternura.
Yo ya no tengo salida, déjame,
soy sólo un pez mendigo...
_¡No voy a dejarte!
Te llevaré a mi casa, a mi pecera
no es tan grande como el mar
pero estarás conmigo y una amiga que vive allí,
es un tortuga y se llama Anís,
déjame buscar dónde llevarte
y te rescataré de morir
como una milanesa en la arena.
Enójate todo lo que quieras...
Que no te dejaré morir
con todo ese amor en el corazón.
Te llevaré a mi vida
allí tu me darás a mí y yo a ti,
y el amor florecerá.
¡Ya verás! ¡Confía en mi!
BASILISA- LIZI MANDIROLA.
Para los niños que siempre encuentran amor en todos los seres.
Lo encontré entre mis primeros escritos.

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